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Aportes de la Orgonomía a la Medicina ,, ORGASMO TERAPIA

Aportes de la Orgonomía a la Medicina

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La vida anímica del ser humano ha sido fuente de eternas incógnitas y denodada búsqueda de respuestas. Wilhelm Reich fue un investigador infatigable que no cesó hasta dar su vida por acceder al conocimiento profundo y verdadero de las miserias humanas. Desde los comienzos de sus estudios universitarios adhirió sin prejuicios a las teorías de Sigmund Freud, escribiendo ensayos que propiciaban la discusión fértil sobre la teoría y la técnica psicoanalítica entre sus pares. El trabajo clínico de Reich y su perseverancia anticonformista lo condujeron por sendas innovadoras que gestaron la formulación de una nueva teoría y su aplicación: el análisis del carácter, que toma como eje central el aspecto económico ya enunciado por Freud. Este enfoque analítico incorpora las actitudes corporales del paciente y realiza un trabajo sistemático con las resistencias.

Freud había establecido una división de las neurosis según su etiología fuera somática o psíquica. En las primeras, las neurosis actuales, la patología surgía como consecuencia de la energía libidinal no descargada; y en las psiconeurosis, por conflictos infantiles no resueltos. Reich las sintetizó a raíz de considerar que los conflictos psíquicos no son originados por las perturbaciones de la infancia sino por la carga asignada a ellos, por lo que la causa del síntoma neurótico es la estasis libidinal tanto en una como en la otra.

Reich lejos estaba de saber dónde lo conduciría su inquieta inteligencia puesta al servicio de las profundas razones que daban origen a la formación de las neurosis. La clínica le permitió comprobar que la cura de un paciente está irreductiblemente ligada a su economía sexual, manera en que regula su energía libidinal. Una vez logrado este objetivo, el interrogante próximo sobre cómo se mantiene el estado de salud psíquica lo situó frente a una meta terapéutica urticante para la psiquiatría ortodoxa: la potencia orgástica, esto es, la capacidad del organismo para acceder a la excitación y descarga plena de la libido estásica por medio de la entrega a las convulsiones involuntarias y placenteras en el momento del acmé.

En 1933 Europa continental le había cerrado la puerta a sus descubrimientos, como así también a sus aportes y serios compromisos en el ámbito sociopolítico. La Universidad de Noruega, a cambio de capacitación en la técnica de análisis del carácter, le ofreció el uso de sus laboratorios para continuar las investigaciones que lo desvelaban en ese momento: la constatación de la bioelectricidad que alimenta los procesos psíquicos. En 1937 publicó los resultados a los que había accedido. Lo que Freud había denominado libido y Reich bioelectricidad era una energía específica del organismo que, desde los plexos como nudos energéticos, se distribuye por todo el cuerpo en forma de corrientes plasmáticas y respondiendo a dos movimientos esenciales: la expansión y la contracción. Dichos movimientos pueden percibirse en el nivel psíquico, el más desarrollado, como sensaciones de placer-displacer; en el fisiológico responden a los sistemas parasimpático y simpático; y en el nivel más elemental, el biológico, se presentan bajo la antítesis sexualidad-angustia. La meta terapéutica de la potencia orgástica se completó con la del reflejo del orgasmo, capacidad del organismo de experimentar contracciones involuntarias en estado de reposo.

Con su descubrimiento de la fórmula tensión-carga, aplicable a todas las funciones involuntarias de la sustancia viva, Reich accedió a la fórmula de la vida misma que lo condujo al hallazgo de los biones, unidad energética desconocida hasta ese año (1939). El cultivo de biones dio pruebas irrefutables de la génesis de la vida, que inicia el proceso con la desintegración vesicular bionosa por calentamiento y putrefacción de materia orgánica. Las vesículas constituyen acúmulos que dan lugar a organismos unicelulares. Esta experiencia daba por tierra con la idea de “infección a través del aire”, sostenida por la ciencia.

Reich continuó trabajando con cultivos de biones y accidentalmente descubrió los biones de la arena, a los que llamó SAPA. Los mismos tenían un alto contenido energético, a tal punto que su presencia inmovilizaba células cancerosas. La radiación que emitían era de origen solar y por ende estaba en todas partes, y era la misma de los biones azules. Reich se encontraba en el umbral de descubrir la energía atmosférica; cuando lo consiguió, en 1940, la denominó orgón.

La evolución del conocimiento sobre la energía vital que nos anima superó los tradicionales límites de la psiquiatría para ingresar al ámbito de la medicina que va más allá de la cura según los síntomas. Con este criterio Reich abordó la enfermedad del cáncer como una patología del ordenamiento sistémico biológico, provocada por una perturbación del metabolismo energético a la que le dio el nombre de biopatía.

El enfoque terapéutico de la medicina tradicional no tiene en cuenta que el enfermo es una unidad psicofísica indisoluble inserta en un medio determinado. Por este olvido, los tratamientos se tornan superficiales y el trato para con el paciente es cada vez más deshumanizado. Dentro de las patologías más traumáticas el cáncer ocupa un lugar importante por diferentes razones. Ha resultado ser un proceso devastador y doloroso; el paciente es sometido a un arsenal de recursos de probada peligrosidad y, en este proceso, va escurriéndosele su humanidad.

La muerte de pares, a raíz de la enfermedad o del tratamiento del cáncer, fue la razón que me sensibilizó para la elección del tema biopatía del cáncer. Estas vivencias me llenaron de preguntas cuyas respuestas fui encontrando en Los Orgones–Centro de Estudios Orgonómicos para el Desplazamiento de Percepción, donde se facilitan los medios para comprender lo que ocurre en los procesos biopáticos y se accede al conocimiento de maneras más vitales de afrontarlos o prevenirlos.

DESARROLLO

images (1)El organismo que tiene afectada su función vital de pulsación, es decir, la capacidad de carga y descarga energética de manera completa, comienza a generar condiciones que favorecen enfermedades biopáticas debido a que las células se van privando de oxigenación y nutrición. Éstas son perturbaciones patológicas del sistema nervioso autónomo, centro desde el cual se irradia la energía vital y cuyas manifestaciones biológicas son los impulsos y las sensaciones.

Las biopatías se diferencian por su origen de las enfermedades infecciosas y de los traumatismos, ya que su proceso se inicia con una alteración de la pulsación biológica. Las biopatías, a su vez, pueden dividirse en dos tipos: las cardiovasculares y las carcinomatosas. Reich selecciona el cáncer para su estudio porque en él se observan características esenciales de las biopatías: a) crecimiento de células, intoxicación y putrefacción; b) se lo vincula con traumas emocionales y perturbaciones sexuales; c) origina enfermedades secundarias como la anemia; y d) diferentes ramas de la medicina, endocrinólogos, nutricionistas y otros investigadores, se interesan en su estudio.

El principio funcional común sitúa el funcionamiento del hombre al mismo nivel que el de un organismo unicelular: la pulsación, ese movimiento rítmico y continuo de expansión y contracción, los unifica. Los movimientos pulsátiles se registran según los órganos de maneras diferentes, y por segundos están precedidos de movimientos de los nervios que pueden ser serpentinos, ondulatorios o bruscos. Esta concepción del sistema nervioso autónomo como no rígida fue introducida por Reich.

La enfermedad del cáncer viene antecedida por el encogimiento biopático, estado de contracción crónica que abarca todo el sistema nervioso autónomo y que se manifiesta por identidad funcional tanto en lo psíquico como en lo somático. Esta perturbación simpaticotónica se relaciona con el modo de regulación de la energía sexual. La energía libidinal estancada de manera crónica desencadena desde lo más superficial a lo más profundo la hipertonía muscular, es decir, las contracturas que bloquean el fluir bioenergético inhibiendo las corrientes plasmáticas. Subjetivamente se siente la desvitalización del organismo como “estar muerto en vida”. Las consecuencias inmediatas de la inhibición pulsátil se registran en la respiración interna de los órganos, en cuyos tejidos comienza a acumularse anhídrido carbónico. Según el investigador Otto Warburg, una célula que no está debidamente oxigenada provoca una alteración causal de la aparición del cáncer. Reich atribuye el origen del cáncer a una formación protozoaria, en la que la deficiencia de oxígeno es la antesala de la enfermedad.

La cronicidad de la estasis de energía altera el sistema pulsátil biológico, lo que desencadena síntomas psíquicos enraizados en lo somático. El abordaje terapéutico de la orgonomía atiende al origen de la enfermedad biopática carcinomatosa: el desorden pulsátil del sistema vegetativo, que se corresponde con un encogimiento en lo biofísico y un estado de resignación en lo psíquico. Para Reich, el tumor es el síntoma corolario de un proceso de debilitamiento energético que provoca un encogimiento progresivo del aparato vital.

Reich le asignó movimiento al sistema nervioso: comprobó que no se trata de una red inmóvil por la que transita la energía vital, sino que también responde a las funciones elementales de expansión-contracción. Esta característica del sistema nervioso permite comprender los síntomas que acusa un paciente de cáncer: “el miedo neurótico y la parálisis funcional, el miedo a la caída y la atrofia de los músculos, los espasmos y el trastorno biológico”[1]. La medicina tradicional considera con liviandad estas muestras de parálisis funcional y se las atribuye a un no querer consciente. Reich sostiene que “está perturbada la función de generación de impulsos plasmáticos en el núcleo biológico del organismo”[2].

Orgone-meditation-blueEl tratamiento de la biopatía carcinomatosa y cardiovascular parte de la neurosis estásica como génesis del encogimiento somático. Ambas biopatías tienen una manera diferente de tramitar la energía: mientras el enfermo de cáncer es más bien tranquilo en lo emocional y resignado, el hipertenso cardíaco se enoja fácilmente. En el caso de este último podemos deducir que la excitación sexual sigue en pie y el organismo reacciona con una contracción, mientras que el primero reduce la producción de energía debilitando la expresión general y la manifestación de esto en lo caracterológico es la resignación, la falta de expectativas y de entusiasmo. Este aspecto psíquico no siempre es tenido en cuenta como luz de alerta por la medicina mecanicista, para la cual no existe enfermedad si los resultados de los estudios químicos y radiológicos no registran anomalía.

Una vez más la relación psique-soma se despliega en la biopatía de encogimiento: en lo superficial comienza con una actitud de resignación crónica, y a medida que el proceso continúa se apodera del núcleo biológico, esto es, de la suma de las funciones plasmáticas celulares. El aparato vital rodea al núcleo biológico en capas de diferentes profundidades (tal como ocurre en la estratificación caracterológica), por lo que los trastornos somáticos pueden ser de distinto grado hasta alcanzar el máximo que son las disfunciones bioenergéticas a nivel celular en cuanto a la pulsación y excitación vegetativa.

Con respecto al origen de la célula cancerosa, Reich plantea una visión diferente. Según la medicina mecanicista, la célula se desarrolla a partir de tejidos sanos en los que algunas células alteran sus funciones vitales normales y comienzan a dividirse rápidamente formando acúmulos; es entonces cuando se detecta el tumor, cuyas células invasivas se distribuyen por medio del torrente sanguíneo. Reich se pregunta qué ocurrió en la etapa intermedia, desde la célula sana hasta la célula altamente destructiva. Hay antecedentes orgánicos que precipitan la aparición del cáncer: la “predisposición” que describe la medicina tradicional como una cuestión hereditaria encontraría en esta visión reichiana una explicación científica. Antes de que aparezca la primera célula cancerosa hay un proceso patológico en el tejido orgánico en que se va a centrar el tumor maligno (y también en el tejido próximo), originado en la enfermedad general del sistema nervioso autónomo que Reich denominó biopatía de encogimiento carcinomatoso. Ésta es la verdadera patología que abarca todo el organismo, siendo el tumor el síntoma visible.

Partiendo de la génesis del cáncer, el abordaje terapéutico orgonómico se va a diferenciar radicalmente del tratamiento que proporciona la medicina clásica, la cual se limita a combatir el tumor desde lo somático. La orgonterapia realiza observaciones de las conductas psíquicas del paciente y los controles físico-químicos se realizan sobre materia viva, incluyendo no sólo muestras de sangre sino también de otras excreciones corporales no incluidas habitualmente como el esputo. Además, las observaciones microscópicas son realizadas con aumentos mayores a 2000x, lo que permite observar el movimiento energético celular.

Las investigaciones realizadas por Reich con la energía orgónica aportaron –entre otros resultados– una nueva teoría sobre la formación de protozoarios en un organismo, refutando así la explicación ortodoxa de los gérmenes del aire. Esta teoría da fundamento a la idea de que la célula cancerosa no es una célula sana degenerada sino que es una nueva formación a partir de tejido en descomposición. Reich verifica que en el esputo de un enfermo de cáncer existen formaciones semejantes a amebas que no son “gérmenes del aire”, puesto que en el aire no existen tales amebas, y por lo tanto se han formado en el pulmón mismo.

Al observar el mismo esputo con aumento superior a 2000x comprobó la presencia de losbacilos T, propios de estados de putrefacción, que ya habían sido identificados durante los experimentos con biones de carbón en 1937 [3]. Los bacilos T no llegaron al pulmón a partir del aire sino por degeneración de los tejidos, su desintegración y putrefacción. Además de los bacilos T negros encontró biones PA azules, unidades orgonóticas intensamente cargadas, contrariamente a los primeros que contienen muy poco orgón. Como los biones fuertes atraen a los débiles y les sustraen la carga, se explica que los biones PA puedan matar o inmovilizar a los bacilos T.

Haber encontrado en el esputo de un enfermo de cáncer biones PA y bacilos T le permitió a Reich inferir que la célula cancerosa es el producto de procesos patológicos del tejido, que en primer lugar sufre una putrefacción que genera la formación de vesículas bionosas cuya organización final la constituyen los protozoarios. Una célula cancerosa se diferencia de una célula sana en que esta última, al ser sometida a calor intenso, no se desintegra en bacilos T. El contagio a los tejidos vecinos se produce por dos factores: por avance del tejido que ya tiene la enfermedad, y –principalmente– por “la desintegración del tejido reblandecido de los alrededores”[4]. Así, el tejido sano comienza el proceso de desintegración vesicular que facilita el ingreso de las células cancerosas.

reich1En 1933 Reich completa su teoría de la economía sexual con el enunciado de la función biológica por antonomasia, la fórmula del orgasmo, que resume en cuatro tiempos el fenómeno del orgasmo: tensión mecánica—carga eléctrica—descarga eléctrica—relajación mecánica. Este ritmo de cuatro tiempos también se cumple en la división celular, y si el metabolismo energético de la célula se ve perturbado se gesta un estado de asfixia celular como resultado de la energía estancada.

La inhibición respiratoria celular es la causa del proceso biopático de encogimiento que precede a la aparición del cáncer, porque al dificultar la respiración normal del plasma inhibe la función de carga y descarga de orgón. El núcleo de las células reacciona ante el encogimiento del plasma por asfixia con un aumento de mitosis; esta reacción tiene la función de compensar la falta que está generando la asfixia. Éste es el proceso que se observa en los tejidos cancerosos: “el tumor canceroso es la última manifestación de una grave perturbación del equilibrio orgonótico y de la función unitaria del organismo provocadas por la impotencia orgástica. Todo esto es resultado de una rebelión de los núcleos celulares contra los procesos de asfixia y encogimiento que se cumplen en los correspondientes plasmas. Esta rebelión es la que da lugar al ‘salvaje crecimiento de células’”[5].

El fenómeno biopático de encogimiento tiene tres fases típicas:

  • Fase de contracción, en la que se observa una incapacidad de expansión en lo corporal y una actitud de resignación en lo psíquico.
  • Fase de encogimiento, en la que hay pérdida de masa corporal.
  • Fase de putrefacción, en la que los tejidos se descomponen ante la falta de orgón.

Los trastornos de la energía sexual en los organismos son el origen de procesos que concluyen en la aparición del síntoma último: el tumor, cuya extirpación no anula el proceso de putrefacción. La terapia del cáncer para la orgonomía consiste en combatir el proceso sistémico de encogimiento y putrefacción. El análisis físico de la sangre permite un diagnóstico precoz del cáncer porque el sistema sanguíneo es el primer sistema afectado por la contracción general. El grado de putrefacción se observa en las características de los eritrocitos: son más pequeños, con pulsación débil, y el borde de orgón es pálido. Con respecto a la difusión de los tumores cancerosos –que la medicina explica como células cancerosas que ingresan al torrente sanguíneo y se instalan en otros órganos formando metástasis–, Reich considera que el avance de las células cancerosas hacia otras partes del cuerpo está en función de las contracturas musculares y la disfunción biológica.

Los estudios tradicionales sobre el cáncer también centraban su atención sobre el enigma de si la aparición del tumor estaba o no precedida de un “algo” que lo desencadenaba. Las investigaciones de R. Kraus concluían que las células cancerosas se originaban en “gránulos” pequeños, lo que coincidiría con la teoría de Reich sobre la desintegración vesicular. La hipótesis propuesta por otro estudioso dentro de la patología clásica, Blumenthal (1934), le atribuye la etiología del cáncer a un agente que transforma las células sanas en células cancerosas. Los bacilos T y este agente tienen características comunes; la diferencia estriba en que los bacilos T son sólo el estímulo para que se produzca la transformación, puesto que el crecimiento de las células cancerosas en forma autónoma proviene de la desintegración vesicular.

Los procesos inflamatorios crónicos y las lesiones graves de tejidos pueden ocasionar la génesis de bacilos T y estimular el crecimiento de células cancerosas, cloudbusterpero este hecho está condicionado estructuralmente por la naturaleza defensiva del tejido: la potencia orgonótica, que no es una cuestión ni hereditaria ni mística sino funcional ligada a la motilidad emocional del biosistema.

Cuando Reich encontró que los bacilos T también estaban en los tejidos de personas que no padecían cáncer, pudo inferir: “El individuo sano no se distingue del enfermo de cáncer por la ausencia de los bacilos T sino por la potencia orgonótica del organismo, es decir, por la capacidad de eliminar los bacilos T existentes y por el grado de la tendencia de tejidos y células sanguíneas a desintegrarse en bacilos T […]  De modo que la disposición al cáncer está determinada por la resistencia biológica de la sangre y de los tejidos a la putrefacción. Y esa resistencia biológica, a su vez, está determinada por el contenido de orgón de la sangre y de los tejidos, es decir, por la potencia orgonótica del organismo.”[1]

Reich, mediante experimentos con ratas, pudo inducir el desarrollo de un tumor maligno partiendo de la inoculación de bacilos T extraídos de sujetos libres de cáncer, hecho que demostró fehacientemente que la célula cancerosa se constituye como defensa contra la infección de los bacilos T y no es la enfermedad en sí.

En un organismo la presencia de bacilos T azuza la reacción de los biones PA; pero si éstos no tienen una potente carga orgonótica crean acúmulos que se organizan en protozoarios, y entre ellos están las células cancerosas, que no son la causa de la muerte sino que se desintegran en bacilos T que provocan una putrefacción e intoxicación general de la sangre.

Reich no niega la cuestión de la herencia familiar en relación a la enfermedad del cáncer, pero la circunscribe evitando generalizaciones que ignoran los factores sexuales, sociales, etc. Desde lo caracterológico se observa una clara influencia de la educación en la infancia por identificación y también inhibiciones sexuales tempranas. Por lo tanto un rasgo biopático es adquirido, no innato. Un niño gestado en un cuerpo enfermo de cáncer estará infectado con bacilos T, que pueden o no desarrollarse. El espasmo de útero y la inhibición respiratoria de una mujer grávida dejará secuelas en la formación fetal, pero esto no es atribuible a la herencia sino a los factores sociales que obstaculizan la gratificación sexual. Las hipótesis mecanicistas y místicas sobre la herencia limitan el desarrollo de las investigaciones; Reich no se detuvo sino que indagó en la línea de las ciencias naturales en procura de respuestas más alentadoras para prevenir el cáncer.

 

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La pulsación como principio funcional común unifica el fenómeno vital en los movimientos de expansión y contracción presentes en cada célula y en el organismo como un todo. La salud es consecuencia de la pulsación plena en todos los órganos según el ritmo placer-angustia. En el metabolismo energético de la sustancia viva la expansión está representada por los biones PA y la contracción por los bacilos T, cuya producción se incrementa por una intensificación de la contracción. Los biones PA, por su carga de orgón, los neutralizan previniendo la putrefacción.

Habiendo descubierto la función de los biones PA y los bacilos T, a la orgonterapia le restaba generar la condiciones para que la reacción B –es decir, la aniquilación de los bacilos T por parte de los biones PA– se impusiera sobre la reacción T que impulsa la formación de células cancerosas como defensa contra esos bacilos generados por la contracción y encogimiento biopáticos. Por lo tanto, la meta de la orgonterapia es “la supresión de la contracción crónica y el estímulo de la expansión”[2]. Esta transformación profunda del sistema vital autónomo tiende al establecimiento de una pulsación ordenada que va a invalidar la reacción T en todo el organismo, devolviéndole potencia a los biones PA.

Si bien Reich había llevado a cabo múltiples experimentos con ratas en el tratamiento del cáncer con biones PA, no fue hasta el descubrimiento de los biones SAPA que comenzó el tratamiento del cáncer con orgonterapia. Ya en Estados Unidos en 1939 los resultados no eran muy alentadores: si bien el tumor se reducía o desaparecía con inyecciones de biones SAPA, pronto volvía a aparecer. Buscando la razón de este proceso negativo descubrió que los biones SAPA desaparecían una vez que transferían su carga energética a los glóbulos rojos, los cuales se ocupaban de la curación del tumor; es decir que los glóbulos rojos orgonóticamente cargados eran el factor curativo. Pero por otra parte las inyecciones de biones también dañaban a las ratas; lo mismo ocurre con muchas drogas que por un lado calman el dolor y por otro dañan el aparato vital autónomo, o sea, “deprimen en lugar de estimular las funciones vitales”[3].

Reich utilizó varios métodos para la aplicación de orgón, que le revelaron importantes propiedades de la sangre en relación con la energía orgónica y los tumores. El método más exitoso fue la inyección de eritrocitos cargados de orgón por acción de los biones SAPA, lo que provocaba que el tumor se desintegrara en cuerpos T, la anemia disminuyera y la reacción B reemplazara a la reacción T. La supervivencia media de las ratas tratadas fue de 2,5 veces mayor que la de las no tratadas. Aunque los resultados fueron buenos, no se los podía considerar para hablar de una terapia radical del cáncer; sin embargo, las expectativas con la aplicación del tratamiento a seres humanos eran auspiciosas. Aún así no se había podido descubrir la manera de eliminar el material muerto una vez destruido el tumor. Muchas ratas morían, no por efecto del tumor o la intoxicación T, sino por la obstrucción de los conductos renales y los vasos linfáticos o por un excesivo agrandamiento del hígado y el bazo (órganos ambos que eliminan el detrito).

Una vez descubierto el orgón atmosférico en 1940, Reich construyó los acumuladores de orgón y comenzó a experimentar con ratas: los resultados fueron sorprendentemente positivos. Los acumuladores de orgón son cajas con revestimiento exterior de material orgánico (por ejemplo, madera) y metal en su interior. La función de lo orgánico es atraer la energía atmosférica, mientras que el metal la refracta hacia el interior de la caja. Según el principio de la física orgónica, un sistema más fuerte atrae la energía de uno más débil y le extrae su carga: el sujeto enfermo ubicado dentro del gabinete absorbe la energía allí almacenada.

La experiencia con ratas y el acumulador de orgón permitió inferir que la vida media de una persona enferma de cáncer podía prolongarse 20 años si era tratada con estos métodos.“El acumulador de orgón produce excitación vagotónica del organismo y carga la sangre de orgón, con lo cual aumenta la resistencia del organismo contra las enfermedades. Por eso se convertirá en un instrumento indispensable en la lucha contra aquellas enfermedades que consisten en una reducción de la reacciones de defensa biológica del organismo y en una contracción del aparato vital.”[4]

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CONCLUSIONES

Wilhelm Reich había aspirado a que sus descubrimientos se aplicaran de manera masiva porque era la forma de combatir estructuralmente las biopatías que impiden el desarrollo armónico del individuo. Lamentablemente sus ideales aún hoy permanecen en el rango de utopías.

Reich puede ser considerado un precursor dentro del campo específico de la medicina porque desde su búsqueda psicoanalítica, que fue transformándose a medida que se internaba más profundamente en las ciencias naturales, la física y la química, concibió un criterio de salud holístico. La vida anímica se urde en lo corporal desde los mismos movimientos protoplasmáticos. Es el ritmo de la pulsación biológica el que imprime el sello de salud o enfermedad al individuo.

BIBLIOGRAFÍA

– WILHELM REICH: La biopatía del cáncer. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 1985.

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