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¿QUE SON LAS FAMILIAS ESPIRITUALES?

LA FAMILIA ESPIRITUAL

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Cuando uno despierta en el plano búdico, aunque su sentido del yo sigue estando en el cuerpo causal, la consciencia se agranda. A pesar de estar arraigado en el cuerpo causal, uno se da cuenta de que no es el cuerpo causal, es mucho más que eso. Ese “mucho más” es la Familia Espiritual.
Las Familias Espirituales son estructuras piramidales y funcionan prácticamente igual que las familias biológicas, pero en positivo. Para explicar el funcionamiento de una Familia Espiritual, cogeremos otra vez el ejemplo de la Familia crística. Jesucristo fue hijo espiritual del judaísmo que despertó en la Mónada. Un alma despierta en la Mónada puede formar su Familia Espiritual independiente, aunque no es obligatorio, puede seguir “trabajando” dentro de la Familia de la cual procede. Jesucristo fue elegido para formar una Familia independiente de su Familia de origen: la Familia judía. Todavía en la Tierra, una vez madurado en el plano átmico, Jesucristo empezó a reunir almas que estaban listas para ser iniciadas, aceptadas en una Familia Espiritual. Esas almas se convirtieron en sus discípulos, él fue su guía. Esos discípulos fueron inseminados con la Semilla Divina por Jesucristo y gestados en su cuerpo búdico-átmico. De ahí nacieron, despertaron en el plano búdico. Despertaron en la consciencia de Cristo. Se convirtieron en Cristo. Los que despiertan en el plano búdico en la consciencia de Cristo son lo mismo que Cristo. Los hijos de Cristo son prolongaciones del ser de Cristo. En el plano búdicoátmico, Jesucristo crió a sus hijos hasta que estos llegaron al plano átmico, a la edad adulta familiar espiritual, y fueron lo suficientemente fuertes como para poder ellos formar sus familias. Los hijos de Jesucristo tuvieron a sus propios hijos y estos despertaron en su consciencia, en la consciencia de los hijos de Jesucristo, o sea en la consciencia de Cristo. Por lo tanto, los hijos de los hijos de Jesucristo se convirtieron también en Cristo. Con esto Cristo se
agrandó aún más. Cristo crece gracias a sus descendientes. Es como si la consciencia de sus descendientes le empujara hacia arriba. La dinastía espiritual continúa: los bisnietos de Jesucristo se convirtieron también en Cristo y los tataranietos y los hijos de tataranietos y los nietos de tataranietos y así hasta el infinito. Cristo no puede dejar de crecer. Cada nueva alma que despierta en la consciencia de Cristo, será lo mismo que Cristo, será la prolongación de Cristo, será parte del cuerpo crístico, parte de la Familia Espiritual crística y hará crecer a Jesucristo y a toda la Familia. La Familia crística es Cristo. La Familia crística es la consciencia de Cristo. Cada persona que despierte en el plano búdico lo hará en la consciencia de su padre/madre espiritual, su Gurú. Todo el mundo despierta en el plano búdico en la consciencia de su Gurú. Es imposible despertar en el plano búdico “por cuenta propia”, igual que es imposible nacer en el plano físico sin unos padres biológicos. Al despertar en el plano búdico nos convertiremos en la prolongación de nuestro padre/madre y consecuentemente en la prolongación de nuestra Familia Espiritual.

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Las familias biológicas o físicas que no necesariamente tienen que ser biológicas, son negativas por definición. Cuando hablemos de “familias negativas”, estaremos hablando de las familias terrestres, biológicas o físicas. Las familias físicas son la negación de las Familias Espirituales por eso son negativas. Todo lo que existe en horizontal (negatividad) existe también en vertical pero en positivo. Las familias que conocemos en la Tierra son negativas. En esas familias negativas los padres sienten que sus hijos son algo independiente, consciencias individuales, pero a la vez los sienten como una prolongación de sí mismos, lo cual es biológicamente cierto, ya que tienen el mismo ADN. Los padres negativos (biológicos o físicos) “tienen” hijos, poseen hijos. Esa necesidad de poseer a los hijos viene del sentimiento de separación de ellos que tienen los padres. No se puede poseer lo que se es, se posee solamente lo ajeno a lo que uno es. Las familias negativas (biológicas o físicas) se basan en ese sentimiento de separación, en esa lejanía egóica, a la cual se une la necesidad de poseer para mantener cercanos a aquellos que percibimos como continuaciones de nosotros mismos. La lucha entre los padres e hijos biológicos o físicos es constante por eso: no acaban de ponerse de acuerdo si son algo separado o algo unido y donde termina la separación y empieza la unión y viceversa. Estas mismas negatividades están en todos los poros de la estructura familiar negativa. La familia biológica, negativa, irá perdiendo fuerza e importancia con el tiempo según la consciencia humana vaya creciendo. Esta familia, tal y como la conocemos ahora, se irá descomponiendo. De hecho, ya está cambiando de forma. En primer lugar, ya casi nadie se casa. Y nadie lo hace porque esa idea de que un matrimonio, la base de una familia, es eterno y para siempre, ya no existe en la gente. Ya son raras las personas que creen en el “amor eterno”, o sea en el “matrimonio eterno”. En segundo lugar, en la mayoría de los países del primer mundo los matrimonios homosexuales ya están legalizados y esos matrimonios ya tienen sus hijos. Esa imagen de “una familia es mama, papa e hijos” está destruida, porque hoy en día una familia puede ser cualquier cosa: “una mama con hijos”, “un papa con hijos”, “unas mamas con hijos”, “unos papas con hijos” etc. Eso a nivel físico. A nivel psicológico la gente ya es muy consciente de que todas las negatividades vienen precisamente de la familia. Los psicólogos esto lo llevan diciendo desde hace tiempo y la información ya ha calado en la consciencia de la humanidad. Como siempre cuando se intenta salir de una negatividad, los primeros pasos se dan en vano lo cual es el proceso natural de positivización (la negación de la negatividad). Esos pasos en vano de la humanidad en este momento son los intentos de construir familias biológicas (físicas) positivas y de criar niños sin negatividades. Esto es un esfuerzo absurdo ya que la familia biológica (física) es negativa por definición y por lo tanto no puede ser positiva. Solamente las Familias Espirituales pueden ser positivas. La gente está haciendo el esfuerzo de criar a los hijos de manera “positiva” sin crearles “traumas”, o sea sin darles negatividades para que cuando crezcan puedan ser felices. Por desgracia, el mundo no funciona así. Ninguna alma viene a la Tierra a “pasárselo bien”. Todas las almas que vienen a la Tierra vienen porque necesitan negatividad para su crecimiento espiritual. Cuando a un niño se le niega la negatividad por la cual ha venido, la crea él mismo. Un niño consentido al que los padres no le ponen límites en nada, se convierte en un pequeño terrorista que a pesar de tener tres o cuatro o cinco años, tiene a todos los adultos de la casa derechos. Ese pequeño terrorista lo que hace es crearse a sí mismo la negatividad que los padres le están negando. Cuando a un pequeño terrorista se le niega algo, por muy insignificante que sea, la cantidad de negatividad que ese niño creará gritando, chillando, insultando a los padres, incluso pegándoles va a ser impresionante. El niño aprovecha cada oportunidad que se le ofrece para crear negatividad, esa negatividad que los padres le están negando y la que él necesita para crecer espiritualmente. Los niños se tienen que criar en la disciplina porque es en la infancia cuando tienen que aprender a resistirse a sus cuerpos astrales, a respetar primero las estructuras mentales ajenas y luego a construir sus propias estructuras mentales y llevarlas a la práctica. Si un niño aprende todo esto en la infancia, en la edad adulta le será muy fácil transformar permanentemente la negatividad en la positividad. Si el niño en la infancia aprende a obedecer a sus padres de la negatividad (biológicos o adoptivos) en la edad adulta con facilidad obedecerá a sus padres de la positividad, a su Gurú. Si el niño crece dándole rienda suelta a su cuerpo astral, en la edad adulta le tocará aprender la disciplina. No se puede generalizar nada porque cada niño es un mundo aparte, pero lo que todos los niños tienen en común es que han venido a la Tierra para que se les niegue, para vivir la negatividad, para que ellos a través de esa negación puedan aumentar la luz de su alma. Ese intento en vano de positivar la familia biológica, negativa por naturaleza, es un paso imprescindible hacia la resolución final y definitiva. Y la resolución final y definitiva consiste en comprender que la única familia positiva es la Espiritual. Si alguien quiere ayudar a sus hijos biológicos, que encuentre primero su propia Familia Espiritual, que crezca dentro de ella hasta madurar lo suficiente como para poder tener sus propios hijos espirituales y entonces que inicie a esos hijos biológicos dentro de su Familia Espiritual. Esa es la única manera de tener una familia positiva y de criar niños en la positividad. Todo lo demás será dar pasos en falso.

En las Familias Espirituales no hay tensiones porque no hay separaciones: los hijos son la prolongación del padre/madre. Por lo tanto, los hijos son lo mismo que el padre/madre, los hermanos entre sí son uno y son uno con todos los demás miembros de la Familia Espiritual. Una familia espiritual no es una suma de almas individuales, es un organismo espiritual individual que sin embargo no tiene cuerpo propio.

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La famosa pirámide masónica  no es otra cosa que la representación de una Familia Espiritual. El “ojo que todo lo ve” en lo alto de la pirámide es la Mónada. La estructura de la Mónada es piramidal, igual que lo es su manifestación negativa a través de los seis planos de existencia paralelos. La persona despierta y consciente en la Mónada es la cabeza de la Familia Espiritual. Todos los que están por debajo, en el plano átmico y debajo, son ladrillos en la pirámide. Si faltara o fallara solo uno de los ladrillos, la pirámide se derrumbaría. Para entender mejor como funciona una Familia Espiritual, vamos a compararla con un cuerpo humano: arriba está el punto más pequeño, pero más significante, la cabeza, y según vamos bajando, las partes del cuerpo van siendo más gruesas, pero “menos inteligentes” hasta llegar a los pies. Pero para que nadie se haga una idea errónea de que “los de abajo” son menos importantes que “los de arriba” en la pirámide de la Familia Espiritual, vamos a explicarlo así: el dedo pequeño del pie no tiene ninguna importancia para el ser humano. Un ser humano podría funcionar perfectamente sin el dedo pequeño del pie. Pero imaginaos que alguien viniera con un cuchillo y os dijese: “Ven aquí que te voy a cortar el dedo pequeño del pie. Total, ¿para qué lo quieres?” ¿Cómo reaccionaríais? Defenderíais con todas vuestras fuerzas ese dedo pequeño, porque para vosotros no es “una cosa inútil”, es vuestro dedo pequeño, es parte de vuestro cuerpo, es parte de vuestro ser y si alguien le hace daño a vuestro insignificante dedo pequeño del pie, os está haciendo daño a vosotros. Exactamente así funciona el organismo llamado Familia Espiritual. Cualquier daño, cualquier dolor que surja en cualquier parte del organismo, lo sufre todo el organismo en conjunto y todo el organismo intenta aliviarlo. Cuándo sentís dolor en alguna parte del cuerpo, el cuerpo entero se siente mal y se solidariza con esa parte del cuerpo e intenta ayudarla. Si un riñón se encuentra mal el resto del cuerpo no dice: “Mientras yo esté bien, que más me da lo que pasa con el riñón izquierdo”, sino que el cuerpo entero, desde el cerebro que idea la solución hasta los pies que llevan al cuerpo entero al médico colaboran para aliviar ese riñón izquierdo. Exactamente así funciona la Familia Espiritual. A diferencia de un cuerpo físico, donde un pie jamás podrá llegar a ser la cabeza, en la Familia Espiritual es todo lo contrario: en la Familia Espiritual todo el mundo TIENE QUE llegar a ser lo mismo que la cabeza, si no la liberación final será imposible.

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Cada nueva alma que despierta en el plano búdico en la consciencia de su Gurú tiene la sensación de que él/ella es toda la Familia Espiritual. Cada una de las almas despiertas en la consciencia de Cristo puede decir: “Yo soy Cristo”, porque lo siente así. Cada una de las almas despiertas en la consciencia de Cristo es la Familia crística completa. Para entender cómo es posible vivir en la Familia Espiritual y aun tener el sentido del yo en el cuerpo causal, vamos a comparar esto con el mismo caso que tenemos en la negatividad: aunque uno tenga su sentido del yo en el cuerpo astral, o sea aunque todavía tenga su “yo negativo”, eso no le impide ir creciendo espiritualmente y darse cuenta de que “soy más que el cuerpo físico”, “soy más que mis sentimientos”, “soy más que mis pensamientos”, “no soy solo negatividad porque cuando me pongo en modo pasivo también puedo ser positividad”… A lo largo de todo este proceso el sentido del yo sigue estando en el cuerpo astral, no se mueve de ahí, pero eso no impide el crecimiento espiritual. Lo mismo pasa en la positividad: el sentido del yo está en el cuerpo causal, pero eso no impide que el alma pueda crecer en los planos de la positividad. Desde el punto de vista de la negatividad, el cuerpo causal es el punto más claro, pero desde el punto de vista de la positividad, el cuerpo causal es el punto más oscuro. En el símbolo yin & yang aplicado a lo búdico-átmico, el puntito negro dentro de la parte clara es el cuerpo causal. A lo largo de todo el desarrollo dentro de lo búdico-átmico, seguirá existiendo un sentimiento de individualidad, pero a la vez se tendrá consciencia de que se es parte de un organismo mucho más grande.

cuerpo-electricoEl despertar en el plano búdico es una combinación de “soy uno con el Universo” y “yo soy el rey del Universo” como se cree el “yo negativo”. En el plano búdico al principio no se es uno con el Universo, se es uno con la Familia Espiritual, lo cual es mucho más grande que ser un cuerpo físico o un cuerpo causal, pero no se es el Universo. Por otro lado, sigue habiendo una limitación, igual que la ha habido en la negatividad, pero esta limitación es muchísimo más espaciosa. La suma de todos los cuerpos causales de todas las almas “miembros” de la Familia Espiritual, la suma de los cuerpos causales de los ladrillos de la pirámide, hace posible esa sensación de separación: Familia Espiritual como un organismo individual separado de un todo entero. La Familia Espiritual no tiene un cuerpo individual, es la suma de cuerpos causales la que hace posible esa sensación falsa de separación de las demás Familias Espirituales. Según se va creciendo en el plano átmico, según se va acercando a lo más alto de ese plano, se va dando cuenta que esa separación entre las Familias Espirituales no existe, que todas las Familias Espirituales en realidad son uno. Pero para llegar a eso, para sentir que “todos somos uno” primero tendremos que sentir que somos uno con nuestra Familia Espiritual. Antes de sentir
“toda la humanidad es uno”, habrá que sentir “todos los humanos de mi Familia Espiritual somos uno”. Ese es un paso imprescindible. Si dentro del plano búdico sigue habiendo ese sentimiento de “individualidad familiar”, ¿significa esto que una persona despierta en el plano búdico percibe como parte de sí mismo solamente a las almas de su propia Familia Espiritual y los demás siguen siendo ajenos a lo que él es? Ni muchísimo menos. No hace falta despertar en el plano búdico para percibir a “otros seres humanos” como continuaciones de sí mismo. Incluso la gente sumergida en la negatividad, cuando ve por ejemplo en la televisión que a alguien le están cortando un brazo o lo están apuñalando, se estremece como si a él/ella le estuvieran cortando ese brazo o lo estuvieran apuñalando. Otro ejemplo: si uno ve a una pareja practicando el sexo, se excitará como si eso le estuviera pasando a él/ella y es que efectivamente, eso le está pasando a él/ella también. Cualquier cosa que le pase a la humanidad, nos está pasando a todos. Si eso de identificarse con los demás le pasa a alguien que está todavía sumergido en la negatividad, como no le va a pasar a una persona despierta en lo búdico. Una persona así su entorno lo vive de manera mucho más intensa que alguien que no haya despertado en el plano búdico. Por supuesto que una persona despierta en el plano búdico percibe a todos los humanos que le rodean como partes de sí mismo sin distinciones si esa alma es parte de su Familia Espiritual o no. La única diferencia entre aquellos que sí son y aquellos que no son miembros de la misma familia, es que los que sí lo son, SIEMPRE, estén o no física, astral o mentalmente cerca unos de otros, siempre se percibirán los unos a otros como partes de sí mismos. Yo puedo estar donde quiera, mi mano o mi pie o mis ojos siempre estarán conmigo. Igualmente, yo puedo estar donde quiera que todos y cada uno de los miembros de mi Familia estarán conmigo. Si yo soy un miembro de la Familia crística y me encuentro con alguien quien es miembro de la Familia budista, mientras estemos juntos nos percibiremos como partes de un mismo organismo, pero en cuanto nos separemos, al no ser que nos pongamos en contacto intencionadamente a nivel mental, dejaremos de percibirnos como partes de un mismo organismo. Eso es como el sexo: mientras se está haciendo el amor con otra persona, se la percibe como parte de sí mism@, pero en cuanto el acto sexual termina, las personas se vuelven a sentir como dos seres independientes

Por otro lado, dentro de una Familia Espiritual, todos los conocimientos, toda la sabiduría, incluso todas las experiencias de todas y cada una de las almas miembro, están al alcance de todo el organismo, forman parte del organismo. Si yo soy crística y necesito información budista, me tendré que poner en contacto con el cuerpo causal de un budista y allí buscar la información que necesito, pero cualquier información del ámbito cristiano, es parte de mí. Ni siquiera tengo que buscar la información, yo soy la información. Toda la información acumulada en los cuerpos causales de todos los miembros de la Familia es parte de la Familia y está al alcance de todo el organismo en conjunto. Esto es así en el nivel más bajo del plano búdico. Según se va creciendo, la percepción y las capacidades mentales de uno van cambiando.

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Un ser ascendido a lo más alto del plano átmico es capaz de hacer con su mente cosas inimaginables y él sí ya es consciente de que toda la humanidad es uno y que la división por Familias Espirituales es ilusoria. Un ser así todavía tiene su cuerpo causal, pero este no tiene una influencia tan fuerte sobre él como es el caso en los niveles más bajos del plano búdico. Cuando uno despierta en la Mónada, deja de usar el cuerpo causal, pero el cuerpo causal sigue estando ahí, por si acaso el maestro lo necesita para bajar a la Tierra. El cuerpo causal de un ser despierto y consciente en la Mónada es como un coche aparcado que no se conduce, pero está ahí por si acaso se lo necesita.

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